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Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

sábado, 26 de diciembre de 2015

PERSPECTIVAS NO DUALES DE LA PSIQUE. APROXIMACIÓN FENOMENOLÓGICA AL LOGOS ASTRAL (*) , por Sergio Trallero Moreno

Resumen:
Se plantea en líneas generales la visión de la psique humana y de los límites de su cognición dual desde la perspectiva metafísica de la espiritualidad tradicional, basada en una radical evidencia no dual, tanto epistémica como ontológica, puramente intuitiva, directa e inmanente a la Conciencia misma. Desde esta percepción se constata el sustrato no dual de todo aparecer y manifestación, entre cosmos y hombre, como establecen saberes ancestrales como la Astrología, a pesar de la aparente dinámica dual, polarizada en forma de devenir cíclico. Es así que toda reducción auténticamente fenomenológica debe desembocar en la Conciencia no dual de lo Absoluto, sin ser confundida con la mente de la individualidad humana, que eclipsa y vela en una falsa identidad egoica la única Realidad posible. 


Conocimiento no dual, conciencia y psique

Toda filosofía occidental, principalmente la moderna, permanece prisionera de categorías y esquemas duales, crecientes en la medida que la razón discursiva ha negado o eclipsado toda dimensión gnoseológica que pueda rebasarla. Vemos un mismo paradigma subyacente, como es comúnmente sabido, ya desde Platón entre el mundo arquetípico y el mundo sensible, o en Descartes entre la substancia pensante y la substancia extensa. Pero es la epistemología kantiana la más paradigmática ya que se encuentra en el trasfondo de cualquier esquema psicologista y positivista posterior. Intentando resolver precisamente la dualidad básica moderna entre racionalismo y empirismo, Kant no hizo más que desplazar el problema llegando a un callejón nouménico sin salida, a pesar de intentar salir de él a través de la fe en una “ideas reguladoras” o de la experiencia estética como confluencia de entendimiento e imaginación, soluciones más bien ad hoc en tanto corolario de su personal arquitectónica filosófica. El resultado es un sujeto atrapado en su propio esquema de entendimiento formal además de limitado a los datos sensorios, y al que se le escapa por tanto el sustrato último de su objeto, no empírico. Esto es, la conocida distinción entre el fenómeno y el noúmeno, que incluso podemos entrever en el principio de indeterminación de Heisemberg. Pero, ¿es realmente imposible toda ontología o no digamos ya metafísica (en tanto aprehensión epistémica de lo nouménico esencial) como se desprende de estas categorías y laberintos duales en los que ha desembocado el pensamiento occidental?(1)

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA CRUZ CÚBICA Y EL OCTAEDRO, por Xavier Martínez Robles y Honorio Gimeno Pelegrí

La Geometría espacial es un medio muy utilizado por las Tradiciones Sagradas, sobre todo en las lecturas que, de ellas, hacen los grandes Maestros. El I-Ching, en la Tradición Extremo Oriental, y el Vedanta, en el Hinduismo, dan prueba de ello. 
Quizás la teoría de que “una imagen vale más que mil palabras”, fuera aplicable al caso, pero lo que sí es cierto es que las palabras, por sí solas, no pueden abarcar la comprensión de la Verdad revelada; pues, como todos sabemos, muchas veces una sola mirada, es suficiente para la comprensión de una verdad inmutable. 
Siguiendo el caso del I-Ching -que se originó por la teoría de que a Dios no se le puede nombrar, pero se le puede dibujar, lo que dio lugar a los trigramas y los hexagramas-, intentaremos exponer, mediante la Geometría espacial, la representación de la Manifestación divina, basándonos en la Cruz Cúbica y en los Cuerpos Platónicos, concretamente: el Octaedro. 
Para iniciar la representación Geométrica, es interesante empezar por la Ontología de la Zarza Ardiendo (Ahí, acudimos al Judeo-Cristianismo). En este pasaje bíblico Dios se da a conocer a Moisés diciéndole: “Yo Soy el que Soy”. Expresión bastante taxativa de su correspondencia con la hindú: “El Ser Es”. Lo que nos lleva a representarlo geométricamente como el punto origen de todo el Universo, del cual todo emana en la formación de su Manifestación, que constituye lo que en Cristianismo denominamos como “Creación”. 
Geométricamente, de ese punto Original emana el haz de indefinidos radios de longitud indefinida, que colman la totalidad del Universo; por lo que, obviamente, su forma espacial sería la de una esfera. Y, para facilitar la comprensión, haremos que su representación venga dada por los tres diámetros: Zénit-Nadir, Este-Oeste, Sur-Norte, de los que, el primero, unirá los dos polos y, los segundos, los ejes perpendiculares del ecuador; representado así, esos tres diámetros, los ejes de los que puede partir el Universo en cada uno de los Grados de Existencia (Este-Oeste, Sur-Norte), como en el conjunto de todos ellos (Zénit-Nadir). Este cruce de ejes, geométricamente, sería, a todas luces, una cruz cúbica. (Ver Figuras 1 y 2