#random-posts img { float:left; margin-right:10px; border:1px solid #999; background:#FFF; width:70px; height:70px; padding:3px }

Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

lunes, 18 de enero de 2016

MODERNO Y MODERNIDAD, por Manuel Plana

La palabra moderno es un adjetivo que prácticamente se ha sustantivizado con el uso, de aquellos que quizá más acepciones tiene. Pero cabe destacar que la palabra en sí poca importancia tendría si no fuera porque ha pasado a denominar el “espíritu” de una sociedad como la occidental, hasta tal punto que todo lo que no es moderno es prácticamente sinónimo de anacrónico, desfasado, primitivo, incluso salvaje, tal como se consideran a muchas de las sociedades no-modernas que aún existen en el planeta. Moderno aquí es sinónimo de progreso, de sociedad “avanzada”, laica, tecno-industrial, científica, democrática, bienestar, riqueza y calidad de vida. Sin embargo, el significado original de la palabra es bien otro y mucho más modesto, palabra modesto que, precisamente, procede de la misma raíz latina que moderno, modus, modo, con muchas acepciones (modismo, modalidad, modoso, modista, manera, modular, molde, moda, modelo, modificar…). La mayoría de estos sentidos originales han desaparecido del concepto general que evoca la palabra, que ahora puede referirse, decíamos, a cosas muy distintas e incluso contrarias a parte de las ya dichas.
Es palabra que puede servir para ponderar como para execrar cualquier cosa según se considere la perspectiva. Para definirse bien necesita sinónimos y antónimos según el contexto en el que se usa, como el que decíamos de anacrónico o retrasado cuando se combina con el factor progreso y avance (especialmente científico-tecnológico). Antiguo, por ejemplo, se opone menos que viejo con moderno pero sí con nuevo, que también parece es un sinónimo suyo. De hecho aquí lo más moderno es lo más nuevo, lo más reciente, que es el sentido literal y original del término. También lo clásico es contrario a lo moderno y a lo nuevo, pero éstos no deben confundirse con lo actual, que incluye un sentido sutil de permanencia del que carece lo moderno y lo nuevo; lo clásico, según como, puede ser incluso más actual que lo nuevo en ciertos momentos. Lo moderno más se identifica con lo novedoso, con la novedad, es decir, lo cambiante, lo fugaz, lo efímero, que con lo verdaderamente nuevo. La misma necesidad de lo nuevo surge de convertir todo en viejo de prisa, usándolo, consumiéndolo y tirándolo. Todo lo nuevo pasa pronto de moda y el mundo moderno es una celebración de este fenómeno, cambiar por cambiar. Pero no es por terror a no repetirse, porque la repetición, la cuantificación y la uniformidad son precisamente las señas de identidad de lo moderno, señas que pueden ser verdaderamente asfixiantes para el individuo sean del color que sean las tendencias que enmascara lo moderno.