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Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

NOTAS DE REFLEXIÓN














LA METAFÍSICA Y SUS PARADOJAS

En su trascendencia, Dios no tiene nada que ver con nada en absoluto. En su inmanencia, Dios tiene que ver con todo en absoluto. Sin embargo, en Él ambos aspectos son inseparables y no se confunden.
 Del mismo modo, Dios despliega su Ser en forma de Universo, es decir, en forma de múltiples estados que son aspectos de Él mismo jerarquizados por categorías o grados de sutileza. Este despliegue de sus poderes no afecta para nada a su imperturbable esencia. Él no se confunde con sus estados ni con su propia manifestación, la cual no está dirigida sino a Él mismo, a su disfrute.
Igualmente, entre dichos estados hay a la vez una absoluta e indivisible continuidad (unidad) y una absoluta discontinuidad, pues no se confunden a pesar de interpenetrarse. 
Simplemente por tener consciencia de Sí, de “pensarse” a Sí Mismo, Dios proyecta miríadas de paradojas conciliándose todas en el corazón de su Unicidad absoluta, el Sublime, el Auspicioso. 
En todo caso, si crees que has entendido perfectamente esto te equivocas y si crees que no… también. Dios es un perpetuo asombro.




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Si tú no fueras Dios mismo no podrías existir de ningún modo, porque todo lo que existe es Él manifestándose a Sí Mismo en diferentes categorías de autolimitación. Es impensable, imposible, la manifestación de algo diferente de Él, dada Su Unicidad Absoluta. Del mismo modo, si alguien te dice: ¡Soy Dios!, tu dile: Desde luego que sí, pero ¿en qué grado de auto-limitación?




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Dicen que no comprendo Tu existencia,
que el fuego de los réprobos me quema,
que mi lengua sin cesar blasfema,
y que no entiendo la palabra de Dios.

Dicen que no Te busco ni Te imploro,
ni Tus grandezas infinitas veo.
Dicen que tengo el corazón de ateo,
y que mi labio te maldice,
¡No!

El Universo es el augusto templo
donde Te encuentra absorta la mirada.
El sol es una lámpara colgada
Que derrama su luz sobre 
Tu altar.
Allí Te adoro yo porque Tu Nombre
entre los astros fulgurantes
brilla.

Y en espíritu doblo la rodilla
adorando en silencio Tu bondad.
El aire que la atmósfera
embalsama,
la savia que los seres
acrecienta,
y el fuego que los mundos alimenta
Tu excelso Nombre proclamando están.

Eres la Voluntad inquebrantable,
El Bien eterno, la Virtud Potente,
de la Verdad inagotable
fuente.
Porque eres la Razón Universal.

En su terrible estupidez el hombre
se forja un dios indigno de 
alabanza,
ebrio de odio, cólera y venganza,
terrible y sanguinario como él.
Otras veces se finge en su locura
un dios afeminado que se 
esconde,
que a la voz del creyente no responde
si en Su altar no hay encaje y oropel.

¡Eso no es Dios! El Dios en Quién yo creo
tener no puede la ambición del oro.
El Dios Bondad, el Dios a 
Quién Yo adoro
¡No cambia Sus bondades por metal!
Su Espíritu gigante no se 
oculta
en el recinto estrecho de 
un sagrario;
el Universo entero es Su Santuario
pues es la Providencia Universal.

Interna Voz, Inagotable Fuente,
Fecunda Luz, vivificante 
esencia.
La base de Tu Templo es la Conciencia
Y Tu Gran Sacerdote es el
Amor.
Yo sé que existes inmutable,
Grande.
Yo en Tus bondades infinitas creo
Pues en la tierra y en los cielos veo
Resplandecer esta palabra:
¡Dios!


Jerónimo Savonarola  (1452- 1498. Florencia)



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Cuando has llevado tanto tiempo una máscara, corres el riesgo de olvidarte de quién hay realmente debajo.


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La coincidencia no existe sino la ilusión de la coincidencia. Del mismo modo, la casualidad nunca es tal sino una “causalidad” que ignoramos.


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Los actores (artistas) mienten para decir la verdad. 


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Siembra un pensamiento y cosecharás una acción.
Siembra una acción y cosecharás un hábito.
Cultiva un hábito y obtendrás un carácter.
Cultiva un carácter y cosecharás tu propio destino.


Swami Sivananda (1887 – 1963. Rishikesh. India)


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SRADDHA: FE

Se habla mucho de fe y de tenerla para todo. Pero nadie carece de fe en algo, las hay de muchas clases, tantas como “fieles”, depende de la nobleza de su objeto. También hay grados de fe… No obstante es palabra sobre la que penden conceptos contradictorios. Si se trata del asentimiento incondicional a alguna verdad que no se acaba de conocer, aún ignota o casi, la fe será un sucedáneo de prognosis… válida en su estadio provisional pero provisional, ya que está contaminada aún de duda, es decir, de dualidad. La fe sirve para consolidarse en certeza invariable y culmina en el reconocimiento de que, aquello que despierta nuestro asentimiento más íntimo, es algo bien real y verdadero porque no podría ser de otro modo… no hay ni duda ni otra opción. El reconocimiento (pratyabhijña) de que: “Tú eres Eso” (Tat tvam Asi) es la culminación y la plenitud de la fe.
M.P.


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Para el hombre común, la muerte es exactamente como entrar en sueño profundo, como irse a dormir… sólo que en lugar de despertar en el mismo cuerpo y en el mismo sitio, lo hace en otro cuerpo y otro lugar, sea un cuerpo burdo o sutil, sea en esta tierra u otra, en la matriz de una mujer o en la matriz cósmica de Mâyâ y/o Prakrti.
M.P.



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Dios me hizo contemplar (la luz de) la perplejidad y me dijo, “¡Regresa! Pero no encontré
dónde ir. Me dijo, “¡Aproxímate! Pero no encontré a dónde. Me dijo, “¡Detente!” Pero no
encontré dónde. Me dijo, “¡No te retires! Y yo estaba perplejo.
Entonces Él me dijo, “Tú eres tú y Yo soy Yo.”
“Tú eres Yo y Yo soy tú.”
“Tú no eres Yo y Yo no soy tú”
“Yo no soy tú y tu eres Yo.”
“Tú no eres tú, y no eres otro que tú.”
“La identidad (el ser yo, yoidad) es uno y el ser él (huwiyya) es múltiple.”
“Tú eres en el ser-tú y yo soy en la identidad, el ser yo mismo (yoidad).”
Entonces me dijo, “El atestiguar la perplejidad es la perplejidad.”
“La perplejidad está acompañada por los celos.”
“La perplejidad es la realidad de la realidad.”
“El que no permanece en la perplejidad no Me conoce.”
“El que Me conoce no conoce la perplejidad.”


Ibn Arabi, La Contemplación de los Misterios Sagrados